Música Quintanar

EXTREMODURO. FRÍO… CONSOLADOR

          Hacía frío en Rivas Vaciamadrid. La lluvia del día anterior había decidido darnos una tregua para, al menos, poder disfrutar de los conciertos del sábado sin las manos ni los pies arrugadas del agua. Pero el sol, que saldría el domingo, no se había atrevido a salir como Dios manda en todo el día, y de recuerdo nos dejó un airecito que, si bien no impedía estar a la intemperie, nos hizo tiritar un poco.

               Pero no nos importaba. Ni a mí, ni a las ¿4.500? personas que había allí. Perdonen ustedes mi inexactitud. Pero es que estos días la Cifuentes y sus cuentas de manifestantes me tienen un poco descolocada… Ah, ¿que había más? ¿Unos 20.000, más o menos? Pues por ahí, así a ojo de buen cubero. El caso es que éramos UN HUEVO DE GENTE. Llenamos el anfiteatro del Auditorio Miguel Ríos que, por si no lo saben, es gigantesco. Nosotros estábamos en la mitad del gallinero, aproximadamente. Nos acercamos todo lo que pudimos. Había que verlos. Yo tuve mis reservas al principio, pero pensé que la ocasión lo valía. Cuánto tiempo llevaba deseando verlos… Les esperamos durante una hora, de pie, al frío y esquivando como podíamos los empujones.

                Sobre los recuerdos que me traen… bueno, arrancan en primero-segundo de carrera. Yo estudié en Salamanca y allí no había bar o discoteca en el que no sonara «Salir, beber». Además, en segundo de carrera empecé a salir con un extremeño (¿sonreirás al leer esto?) que me grabó un CD que aún conservo y gracias al cual me picó el gusanillo de bandas como Reincidentes, Avalanch, Platero y tú, Los Porretas y, por supuesto, el grupo de su tierra, Extremoduro. En ese CD estaban, por supuesto «Salir, beber», «Sucede», «Quemando tus recuerdos», «Jesucristo García» y «So Payaso». Y así, poco a poco. Hasta hoy. No hace muchos días dije en voz alta y clara que me parecían la mejor banda que ha parido España. Yo me quedo, además de con su calidad musical, con sus letras. Robe siempre se ha visto a si mismo como un poeta, y no podría estar más de acuerdo. También me deja sin respiración la forma en que han dado alas a las palabras de otro gran poeta español, Manolo Chinato. Voy escuchando canciones, unos discos me convencen más que otros. Para mí, el mejor es «Yo, Minoría Absoluta». Hay quien habla de la «Ley Innata», el penúltimo. Qué queréis que os diga. Me aburre. No me parecen ellos salvo, quizá, el Tercer Movimiento (por cierto, curioso el significado de «La ley innata». Se merece un buen googleado). Mientras tanto, mi vida sigue salpicada por los clásicos: «Golfa», «Salir», «Jesucristo García», «Me estoy quitando», «So Payaso», «Sucede», «Quemando tus recuerdos», «Ama ama y ensancha el alma»… a los que se unen «La vereda de la puerta de atrás», «Puta», Standby (todos ellos, casualmente, de Yo, Minoría Absoluta… ¿veis que es el mejor disco?) ¿La mejor canción? Para mí, Golfa (en el álbum Canciones Prohibidas). Sin duda. La letra, los instrumento, la incorporación de Fito al final… Si al escucharla, no te remueve ni un poquito… plantéatelo, igual es que no tienes sentimientos.

           Pues bien. Llegamos al concierto. Os recuerdo, además, que el En Vivo es un festival en el que actúan más de 80 artistas. En el que, por mucho Extremoduro que seas, no todo el mundo va a verte a ti. Que lo suyo es hacer lo que hacen todos los artistas del festival, es decir: TOCAR LAS QUE SE SABE TODO EL MUNDO. Ya habrá tiempo de promocionar.

          Pues bien. Os habéis fijado bien en la lista de «clásicos» que he puesto un par de párrafos más arriba, ¿no? Son clásicos, ¿verdad? Todos los conocéis, ¿verdad? Pues bien. De esa lista de clásicos, tocaron tres. TRES. En un concierto de dos horas y media, tocaron TRES clásicos (a los que añadimos Puta, Standby y la Vereda por ser generosos).

           Ni So Payaso, ni Jesucristo García, ni Golfa, ni Me estoy quitando, ni Deltoya, ni na de na. Cuatro años sin dar conciertos, y na. Dos canciones del nuevo disco (Material Defectuoso), lentas y aburridas. El álbum La Ley Innata, que ni siquiera es el último sino el penúltimo, entero. Acompañado de unos vídeos muy chulos, eso sí (algunos atufaban un poco a «ida de pinza», pero bueno). Además, se saltaron tres temas del setlist de conciertos anteriores de la gira. ¿Por qué? ¿Les caímos mal? ¿Fuimos peor público que los otros? ¿Éramos, acaso, los taytantosmil cuerpos entregados, poco para ellos?

        Dos descansos, eternos, de 20 minutos cada uno. Me aburro. Entre los dos descansos, tocan el álbum La Ley Innata. Me aburro. Como dijo un colega…» yo estaba que no sabía si pedirme un café o un té». Y encima, la consabida manía de Robe de no interactuar ni un poquito con el público. Ni un poquito, oye. Dos frases nos dijo. Una de ellas, me gustó. Fue algo así como «con el tiempo, me di cuenta de que lo necesario no es cambiar el mundo. Lo verdaderamente necesario es luchar para conseguirlo. El resultado final, a mí, me la suda». Esta ha ido de cabeza a mi twitter.

         Pero vamos, poco más. No me sentí querida como espectadora. Me quedé FRÍA, más fría aún que como había entrado.

                Tuvieron a bien acabar con una combinación que, en mi caso, funciona: canción cañera-canción lenta-canción cañera: «Puta»-«Standby»-«Salir, Beber». Eso hizo que terminara con un relativo buen sabor de boca. Hubo quien comentó que Salir no debería haber sido elegida como canción de cierre, pero a mí no me parece mal. Para gustos, colores.

           Pero ya el colofón final para mi disgusto fue la despedida. Parece ser que siempre lo hace, pero yo no lo supe hasta ese momento. Coge el Robe, se pira, deja al resto de la banda tocando y ni siquiera tiene a bien salir a despedirse. Pues mu bien, chico. Tú mismo. Como eres Robe, te lo puedes permitir. Pues yo, que soy Sabrina, me puedo permitir decirte que eso es de desagradecidos. ¿Que te la suda? Más me la suda a mí.

          Musicalmente impecables, eso sí. Pero es que, para mí la actuación de Extremoduro no ha aportado más a mi vida musical de lo que lo hace un consolador a mi vida sentimental. Hace «el servicio», cumple, pero le falta amor. La próxima vez, me quedaré en casa escuchándoles y soñando que estoy en un concierto de una banda como Dios manda, que trata a un público incondicional como se merece. Conmigo que no cuenten, que ya no iré a verlos más.

Sabrina S. Quintero

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