El Viña Rock regresará a Villarrobledo (Albacete) del 30 de abril al 2 de mayo de 2026 con una edición que, según todos los indicios, será muy distinta a las anteriores. Tras un 2025 histórico —más de 240.000 asistentes y un cartel encabezado por Fermin Muguruza, Boikot o La Raíz—, el festival afronta este año un escenario inédito: la ausencia de muchas de las bandas que han dado forma a su identidad durante casi tres décadas.
Un festival bajo presión
Grupos emblemáticos del rock estatal como Porretas, El Drogas, Reincidentes, Sons of Aguirre, Dakidarría, Non Servium, El Último Ke Zierre o Boikot —que acumula 20 actuaciones en 28 ediciones— han anunciado que no participarán en Viña Rock 2026. Su renuncia responde a una protesta colectiva contra los vínculos de la promotora Superstruct Entertainment, organizadora del festival, con el fondo de inversión KKR, acusado de promover negocios inmobiliarios en territorios palestinos ocupados.
La presión no se queda ahí: estas bandas han hecho un llamamiento público para que otros artistas se sumen al boicot, generando un efecto dominó que afecta no solo al Viña Rock, sino también a otros grandes eventos gestionados por la misma promotora, como el Arenal Sound, el Sónar de Barcelona, O Son do Camiño o el Resurrection Fest. En total, 22 festivales en España se encuentran en el centro de esta controversia.
Un cartel diferente… y una oportunidad inesperada
La ausencia de “los de siempre” deja un vacío evidente tanto en el cartel como entre el público más fiel. Sin embargo, este escenario abre la puerta a un fenómeno poco habitual en un festival de estas dimensiones: la entrada de bandas emergentes que, en circunstancias normales, difícilmente tendrían acceso a un escenario como el de Villarrobledo. Para muchos grupos jóvenes, 2026 puede convertirse en una oportunidad histórica.
La respuesta de Viña Rock
Ante la creciente polémica, la organización del festival ha publicado una carta dirigida a la “familia viñarockera” en la que califica de “falsas e injustas” las acusaciones sobre su relación con KKR. En el comunicado, Viña Rock asegura haber iniciado acciones legales contra quienes, según afirman, buscan dañar la imagen del evento.
El texto insiste en que el festival “jamás ha tenido relación comercial ni económica con empresas israelíes, proisraelíes o con el Estado de Israel” y sostiene que es “rotundamente falso que un solo euro de Viña Rock o de Superstruct Entertainment haya financiado la masacre ejercida por el gobierno israelí”. Además, reitera su condena “sin matices” al genocidio del pueblo palestino y reivindica su “compromiso social firme y constante”.
Villarrobledo ante un debate necesario
Más allá de la polémica internacional, la situación actual abre un debate interno que el municipio de Villarrobledo lleva años posponiendo. El festival ha crecido hasta límites que muchos consideran desproporcionados, generando tensiones, problemas logísticos y un desgaste evidente en la convivencia local. La imagen del Viña Rock —y el espíritu musical y reivindicativo que impulsó su nacimiento de la mano del entonces concejal de Cultura, Arguimiro Martínez— parece haberse diluido entre polémicas, demandas y exigencias de todo tipo.
A ello se suma la presencia cada vez más visible de unidades policiales “especiales”, cuya intervención resulta, para muchos asistentes veteranos; excesiva, innecesaria, fuera de lugar y completamente ajena al espíritu original del festival: unos días de música, convivencia y libertad entre colegas.
Un punto de inflexión
Viña Rock 2026 no será una edición más. Será un punto de inflexión. Un espejo incómodo que obliga a replantear qué festival quiere ser, qué papel debe jugar en la escena musical estatal y qué relación debe mantener con la comunidad que lo acoge desde hace casi treinta años.
Quizás, por primera vez en mucho tiempo, el futuro del Viña Rock no dependa solo de su cartel, sino de su capacidad para reconciliarse con su propia historia.
